Las piedras preciosas de colores han sido utilizadas en joyería desde la antigüedad. También se las han relacionado con la magia o superstición, ya que muchas culturas creían en su capacidad de traer buena suerte, e incluso de curar algunas enfermedades.
Se consideran estas piedras como “preciosas” debido a su dureza, colores especiales y por lo dificultoso que es obtener buenas piezas, por su escasez. Cuando se trata de piedras perfectas, con un buen tamaño y color llamativo, pueden alcanzar precios muy importantes, superando incluso a los diamantes.
Los rubíes están compuestos principalmente por corodio, material de especial dureza (9 mohs), superado sólo por los diamantes, en cuanto a esta característica. Cuando aún está sin pulir, es opaco, pero cuando se le trabaja toma un brillo muy elevado. El color es, por supuesto, rojo intenso. El que más se valora es el llamado sangre de paloma, que tiene una levísima tonalidad azulada. Si el corodio toma otros colores, en la gama del azul, se trata de un zafiro; si es un leve tono rojizo, es un zafiro rosa.
Las piedras se extraen de pozos de diversa profundidad, o también de zanjas. En otras regiones se las obtiene de los lechos de ríos y la grava. Lamentablemente sólo una pequeña parte de las piezas extraídas es apta para joyería. Al igual que sucede con las perlas, según su origen las características cambian. Por ejemplo, los que provienen de Tailandia tienen un tono pardo, y los que se obtienen en Ceilán, son rojo claro, o eventualmente con tonos frambuesa.
Fuente: clickjoyas.com | Imagen: clickjoyas.com













