
Si bien la joyería es un arte que merece exhibirse, desde mi punto de vista hay un cierto límite. Si es una simple muestra, estamos de acuerdo. Cualquier producto puede mostrarse de un modo creativo. Pero si en serio hablamos de diseñar joyas para que las lleve un perro, creo que pasamos el límite del buen gusto y entramos en el terreno de la ostentación difícil de comprender.
Veamos un ejemplo concreto de esta última situación. En una exhibición de perros en Tailandia, uno de los animalitos llevaba una tiara de 4.2 millones de dólares. Su propietario es un joyero, Riwin Jirapolsek, quien utilizó para esta tiara, titanio, diamantes y esmeraldas.
Las famosas esmeraldas eran de la madre del joyero. Una especie de homenaje personal.
Si se trata de una estrategia publicitaria, como parece probable, ha conseguido que se hable mucho del tema. En lo personal, al menos, no me resulta una idea demasiado agradable poner las joyas de la familia a un perro.
Imagen: terra.com













