
Si hay un trabajo que no me gustaría para nada hacer, es ser dependienta de una tienda de lujo. Creo que la tarea de venta directa con el público no se me da de ninguna forma, pero en estos casos, menos aún. Por ese motivo valoro mucho su trabajo y lo considero muy en especial.
Porque son muchos los ítems que tiene que cubrir. En primer lugar, una apariencia siempre impecable. Ni un detalle en el cabello, piel o manos puede quedar descuidado.
El conocimiento claro de los productos, para poder enfrentar las preguntas más insólitas que se le puede ocurrir a un cliente, es una de las claves.
Pero lo que me parece más complicado es el manejo interpersonal con ese tipo de clientes. En la mayoría de los casos se trata de gente muy educada que no presenta dificultades. Pero hay un porcentaje de clientes que confunden un buen nivel de exigencia con una clara impertinencia.
Lidiar con la baja autoestima de esas personas solo basada en la cantidad de dinero; de un modo educado y paciente, es una tarea muy complicada.
Imagen: flickr.com













